Saturday, February 25, 2006
LA PRIMERA CUCHARADA
Extracto de mi libro "Las edades del bebé" editado por el sello Aguilar.

La alimentación es un hábito y es verdad que se aprende a comer bien. En el momento mismo en que el bebé comienza a introducir sus primeros alimentos, empiezan a formarse los hábitos alimenticios que lo acompañarán toda la vida.
Frutas
Aportan carbohidratos, vitaminas, ácido fólico y minerales. Si las preparas en zumo , no le añadas azúcar y hazlo en el momento, porque las vitaminas B y C se oxidan muy rápidamente (antes de media hora), y sólo la vitamina A, presente en el melón, la lúcuma, el plátano, el mango, se mantiene intacta. Es recomendable dejar los cítricos para después del año. Licua las frutas crudas, no sancochadas, para aprovechar mejor su valor nutritivo.
Los zumos se digieren mejor si se consumen solos y espaciados de la toma de cualquier otro alimento. A media mañana o a media tarde, por ejemplo.
Las frutas las puedes preparar en zumo, en compota, al horno, en puré o crudas.
Jugo de granadilla. Abre la fruta y ponla en un colador con un poco de agua caliente para que vaya soltando la goma adherida en las pepas. Aprieta las pepas con una cuchara para extraerles todo el jugo. Esta fruta es ideal para empezar la dieta del bebé.
Zumo de manzana o pera. Lava y pela la fruta, quítale el corazón y lícuala con un poco de agua y una gota de limón para que no se oxide.
Zumo de durazno. Quita la piel de la fruta, pásala unos segundos por agua hirviendo, retírale el hueso y lícuala.
Zumo de melón o papaya. Corta un trozo y separa la cáscara de la pulpa. Retira las pepas y lícuala.
Puré de frutas
Si lo prefieres, prepara puré de frutas en vez de zumo. Algunas se prestan mejor para ello. Por ejemplo, el plátano, la manzana, el durazno y la pera. Pela la fruta, raspa la superficie con una cucharita y dásela a tu bebé. Puedes rasparla conforme el bebé vaya comiendo para evitar que la fruta se ennegrezca.
La manzana es una de las mejores frutas para preparar los primeros alimentos del bebé. La mayoría tolera su ligera acidez. Posee un leve efecto laxante que puede aliviar problemas como el estreñimiento, aunque a veces produce gases.
También puedes preparar un puré con chirimoya o guanábana. Sólo tienes que retirar la cáscara y las pepas y licuarla.
Mazamorras
Hierve una fruta en agua que la cubra y agrégale una ramita de canela. Cuando esté cocida, retira la canela, licua la fruta con el líquido del hervido y espesa la mazamorra con una cucharada de maicena.
Papillas
Las mejores papillas son las que se hacen en casa. Son rápidas, baratas y no contienen preservantes. También puedes usar los cereales para bebés que ofrece el mercado y mezclarlos con leche hasta lograr una textura adecuada.
Para preparar una papilla de vegetales, pon en una ollita un trozo de zapallo (o zanahoria) con una papa amarilla pelada. Cúbrelos con agua y deja que hierva a fuego medio hasta que se deshagan. Licua para formar un puré y échale un poquito de aceite vegetal (mejor si es de oliva) o margarina. En esta etapa tu bebé necesita ácidos grasos esenciales para formar las membranas de sus células, su sistema nervioso y su cerebro.
También puedes preparar papillas con camote, con papa, con zapallo y yuca, con arroz y corazones de alcachofa.
Recuerda que al inicio es mejor combinar solamente dos productos. Conforme pasen los días podrás integrar otros alimentos, a razón de un producto nuevo cada tres días. Esta recomendación es válida tanto para la fruta como para los vegetales.
Para saber la consistencia apropiada de una papilla, pon el preparado en un platito y voltéalo completamente. Si la papilla se mantiene pegada al plato por cinco segundos, su consistencia es buena. Recuerda que cualquier alimento muy aguado es poco nutritivo.

La alimentación es un hábito y es verdad que se aprende a comer bien. En el momento mismo en que el bebé comienza a introducir sus primeros alimentos, empiezan a formarse los hábitos alimenticios que lo acompañarán toda la vida.
Frutas
Aportan carbohidratos, vitaminas, ácido fólico y minerales. Si las preparas en zumo , no le añadas azúcar y hazlo en el momento, porque las vitaminas B y C se oxidan muy rápidamente (antes de media hora), y sólo la vitamina A, presente en el melón, la lúcuma, el plátano, el mango, se mantiene intacta. Es recomendable dejar los cítricos para después del año. Licua las frutas crudas, no sancochadas, para aprovechar mejor su valor nutritivo.
Los zumos se digieren mejor si se consumen solos y espaciados de la toma de cualquier otro alimento. A media mañana o a media tarde, por ejemplo.
Las frutas las puedes preparar en zumo, en compota, al horno, en puré o crudas.
Jugo de granadilla. Abre la fruta y ponla en un colador con un poco de agua caliente para que vaya soltando la goma adherida en las pepas. Aprieta las pepas con una cuchara para extraerles todo el jugo. Esta fruta es ideal para empezar la dieta del bebé.
Zumo de manzana o pera. Lava y pela la fruta, quítale el corazón y lícuala con un poco de agua y una gota de limón para que no se oxide.
Zumo de durazno. Quita la piel de la fruta, pásala unos segundos por agua hirviendo, retírale el hueso y lícuala.
Zumo de melón o papaya. Corta un trozo y separa la cáscara de la pulpa. Retira las pepas y lícuala.
Puré de frutas
Si lo prefieres, prepara puré de frutas en vez de zumo. Algunas se prestan mejor para ello. Por ejemplo, el plátano, la manzana, el durazno y la pera. Pela la fruta, raspa la superficie con una cucharita y dásela a tu bebé. Puedes rasparla conforme el bebé vaya comiendo para evitar que la fruta se ennegrezca.
La manzana es una de las mejores frutas para preparar los primeros alimentos del bebé. La mayoría tolera su ligera acidez. Posee un leve efecto laxante que puede aliviar problemas como el estreñimiento, aunque a veces produce gases.
También puedes preparar un puré con chirimoya o guanábana. Sólo tienes que retirar la cáscara y las pepas y licuarla.
Mazamorras
Hierve una fruta en agua que la cubra y agrégale una ramita de canela. Cuando esté cocida, retira la canela, licua la fruta con el líquido del hervido y espesa la mazamorra con una cucharada de maicena.
Papillas
Las mejores papillas son las que se hacen en casa. Son rápidas, baratas y no contienen preservantes. También puedes usar los cereales para bebés que ofrece el mercado y mezclarlos con leche hasta lograr una textura adecuada.
Para preparar una papilla de vegetales, pon en una ollita un trozo de zapallo (o zanahoria) con una papa amarilla pelada. Cúbrelos con agua y deja que hierva a fuego medio hasta que se deshagan. Licua para formar un puré y échale un poquito de aceite vegetal (mejor si es de oliva) o margarina. En esta etapa tu bebé necesita ácidos grasos esenciales para formar las membranas de sus células, su sistema nervioso y su cerebro.
También puedes preparar papillas con camote, con papa, con zapallo y yuca, con arroz y corazones de alcachofa.
Recuerda que al inicio es mejor combinar solamente dos productos. Conforme pasen los días podrás integrar otros alimentos, a razón de un producto nuevo cada tres días. Esta recomendación es válida tanto para la fruta como para los vegetales.
Para saber la consistencia apropiada de una papilla, pon el preparado en un platito y voltéalo completamente. Si la papilla se mantiene pegada al plato por cinco segundos, su consistencia es buena. Recuerda que cualquier alimento muy aguado es poco nutritivo.
EL MOMENTO DE LOS SOLIDOS
Conforme el bebé crece su aparato digestivo madura y requiere de nuevos alimentos para incorporarlos a su dieta diaria. Los pediatras aconsejan empezar con los sólidos a los seis meses, pero sin abandonar la lactancia materna. La alimentación en el primer año de vida del bebé es fundamental para desarrollar su potencial genético y apropiarse de la conducta alimenticia que tengan sus padres. Si los papás comen bien, los niños aprenderán a comer sanamente. Esta es la época propicia para la formación de una adecuada conducta alimenticia en los niños, evitando que se presenten trastornos como el rechazo alimentario o la inapetencia que puede producir retrasos en el crecimiento y desórdenes alimenticios en la niñez y en la adolescencia.
Los bebés nacen con ciertas limitaciones fisiológicas para digerir y absorber completamente algunos nutrientes. Desde el punto de vista anatómico es importante destacar la ausencia de dientes hasta los seis meses aproximadamente, por lo que su alimentación debe ser exclusivamente líquida. Los reflejos de masticación aparecen entre el sétimo y noveno mes, aunque el bebé no tenga dientes.
Entre los cuatro y seis meses el bebé está listo para comenzar con su primera papilla. El pediatra te aconsejará cuando hacerlo. Paulatinamente, debes introducir los primeros alimentos distintos de la leche. En esta etapa, la alimentación es mixta o complementaria, ya que los primeros purés tienen una función más de aprendizaje que de nutrición, pues la alimentación básica del bebé seguirá siendo la leche materna.
Entre los siete y doce meses, toma la cuchara con los labios, muerde y mastica. Hace movimientos laterales con la lengua y mueve la comida entre los dientes, por lo que puede recibir alimentos picados, cortados o coger algunos con las manos.
A partir del año adquiere movimientos rotatorios de masticación y su mandíbula se estabiliza por lo que puede consumir los alimentos de la olla familiar.
Antes de empezar con la alimentación complementaria, es recomendable tener en cuenta qué alimentos debes descartar de la dieta del bebé y así evitar alergias o malestares. Ármate de paciencia porque no es un proceso rápido ni fácil ni limpio. Lo más probable es que el bebé rechace cualquier sabor nuevo, especialmente si no es dulce. Son necesarios entre ocho y diez intentos antes de que acepte un sabor que le es desconocido.
El momento justo
Si empiezas a darle alimentación complementaria en forma temprana, es decir, antes de los cuatro meses, corres el riesgo de:
* Desplazar la leche materna. Recuerda que mientras más lacte el bebé más cantidad de leche producirás.
* Incrementar el riesgo de enfermedades infecciosas, porque el bebé recibe menos factores protectores de la leche materna.
* Aumentar el riesgo de contraer alergias.
* Los alimentos que recibe el bebé tienen menos nutrientes (sopas muy aguadas, por ejemplo).
Si inicias su alimentación complementaria en forma tardía, es decir, después de los siete meses, corres el riesgo de:
* Disminuir o detener el crecimiento saludable del bebé.
* Aumentar el riesgo de desnutrición o de deficiencias nutricionales.
La Organización Mundial de la Salud recomienda iniciar la alimentación complementaria a los cuatro meses solamente cuando el bebé no logre un peso adecuado a pesar de estar lactando apropiadamente o cuando se muestra hambriento al poco tiempo de recibir la leche materna y no tienes los recursos necesarios para adquirir leche de fórmula.
Hábitos
* Lávale las manitos antes y después de comer (¡la mamá también!).
* El bebé siempre debe estar sentado en una silla o en su coche y con babero, así grite de hambre debe prepararse para comer con buenos modales.
* Si no tienes un platito y cubiertos especiales para bebé, toma uno de tu vajilla y resérvalo especialmente para él, así lo identificará como propio.
* Usa una cucharita de té, poco a poco, podrás pasar a una cuchara sopera.
* Dale los alimentos en taza o vaso con cuchara, nunca en biberón.
* La comida debe ser un momento de alegría y de comunicación. Si no quiere comer no lo presiones, busca juegos o inventa cosas que lo diviertan y lo hagan disfrutar.
* Te darás cuenta que tu bebé está satisfecho cuando rechaza el alimento, mueve la cabeza, se rehúsa a abrir la boca o escupe el bocado.
* Si quiere comer con las manos, deja que lo intente. Es su manera de explorar. Sin embargo, explícale para qué sirve la cuchara y porqué es mejor usar los cubiertos.
* Incentívalo para que mastique, así disminuirán los riesgos de sufrir gases o cólicos.
* Recuerda que solo puedes introducir un alimento nuevo por vez y cada tres días.
* De preferencia, empieza en la mañana, a la hora de almuerzo, así podrás detectar si el alimento que le diste le cayó bien.
* Respeta los plazos establecidos para el primer año, de lo contrario, la comida podría sentarle mal o provocar una reacción alérgica.
* Prepara los alimentos el mismo día, con una antelación de no más de dos horas, para evitar la contaminación. Refrigera inmediatamente lo que sobre para que lo consuma en la tarde.
* Cocina los alimentos a fuego medio para que los ingredientes se integren adecuadamente y sean sabrosos. No uses demasiada agua.
*Algunos pediatras recomiendan empezar por las verduras y seguir con las frutas, porque el bebé acepta con más ganas los sabores dulces. Sin embargo, la decisión la tendrás que tomar tú junto con tu médico.
Qué darle:
Cereales precocidos para bebés.
Frutas (granadilla, plátano de la isla, manzana, pera, durazno, chirimoya).
Tubérculos (papa amarilla, camote, yuca, arracacha).
Hortalizas (zapallo, zanahoria, corazón de alcachofa, calabazas).
Qué no darle
* Embutidos, carnes ahumadas y patés.
* Huevos fritos.
* Frutos secos enteros.
* Quesos fuertes o grasosos.
* Mariscos.
* Miel, caramelos y golosinas.
* Gaseosas.
* Frituras.
* Jugos enlatados, sopas aguadas, té, manzanillas. Estos alimentos tienen mucha agua y poco valor nutritivo, además de una cantidad de azúcar innecesaria.
Los bebés nacen con ciertas limitaciones fisiológicas para digerir y absorber completamente algunos nutrientes. Desde el punto de vista anatómico es importante destacar la ausencia de dientes hasta los seis meses aproximadamente, por lo que su alimentación debe ser exclusivamente líquida. Los reflejos de masticación aparecen entre el sétimo y noveno mes, aunque el bebé no tenga dientes.
Entre los cuatro y seis meses el bebé está listo para comenzar con su primera papilla. El pediatra te aconsejará cuando hacerlo. Paulatinamente, debes introducir los primeros alimentos distintos de la leche. En esta etapa, la alimentación es mixta o complementaria, ya que los primeros purés tienen una función más de aprendizaje que de nutrición, pues la alimentación básica del bebé seguirá siendo la leche materna.
Entre los siete y doce meses, toma la cuchara con los labios, muerde y mastica. Hace movimientos laterales con la lengua y mueve la comida entre los dientes, por lo que puede recibir alimentos picados, cortados o coger algunos con las manos.
A partir del año adquiere movimientos rotatorios de masticación y su mandíbula se estabiliza por lo que puede consumir los alimentos de la olla familiar.
Antes de empezar con la alimentación complementaria, es recomendable tener en cuenta qué alimentos debes descartar de la dieta del bebé y así evitar alergias o malestares. Ármate de paciencia porque no es un proceso rápido ni fácil ni limpio. Lo más probable es que el bebé rechace cualquier sabor nuevo, especialmente si no es dulce. Son necesarios entre ocho y diez intentos antes de que acepte un sabor que le es desconocido.
El momento justo
Si empiezas a darle alimentación complementaria en forma temprana, es decir, antes de los cuatro meses, corres el riesgo de:
* Desplazar la leche materna. Recuerda que mientras más lacte el bebé más cantidad de leche producirás.
* Incrementar el riesgo de enfermedades infecciosas, porque el bebé recibe menos factores protectores de la leche materna.
* Aumentar el riesgo de contraer alergias.
* Los alimentos que recibe el bebé tienen menos nutrientes (sopas muy aguadas, por ejemplo).
Si inicias su alimentación complementaria en forma tardía, es decir, después de los siete meses, corres el riesgo de:
* Disminuir o detener el crecimiento saludable del bebé.
* Aumentar el riesgo de desnutrición o de deficiencias nutricionales.
La Organización Mundial de la Salud recomienda iniciar la alimentación complementaria a los cuatro meses solamente cuando el bebé no logre un peso adecuado a pesar de estar lactando apropiadamente o cuando se muestra hambriento al poco tiempo de recibir la leche materna y no tienes los recursos necesarios para adquirir leche de fórmula.
Hábitos
* Lávale las manitos antes y después de comer (¡la mamá también!).
* El bebé siempre debe estar sentado en una silla o en su coche y con babero, así grite de hambre debe prepararse para comer con buenos modales.
* Si no tienes un platito y cubiertos especiales para bebé, toma uno de tu vajilla y resérvalo especialmente para él, así lo identificará como propio.
* Usa una cucharita de té, poco a poco, podrás pasar a una cuchara sopera.
* Dale los alimentos en taza o vaso con cuchara, nunca en biberón.
* La comida debe ser un momento de alegría y de comunicación. Si no quiere comer no lo presiones, busca juegos o inventa cosas que lo diviertan y lo hagan disfrutar.
* Te darás cuenta que tu bebé está satisfecho cuando rechaza el alimento, mueve la cabeza, se rehúsa a abrir la boca o escupe el bocado.
* Si quiere comer con las manos, deja que lo intente. Es su manera de explorar. Sin embargo, explícale para qué sirve la cuchara y porqué es mejor usar los cubiertos.
* Incentívalo para que mastique, así disminuirán los riesgos de sufrir gases o cólicos.
* Recuerda que solo puedes introducir un alimento nuevo por vez y cada tres días.
* De preferencia, empieza en la mañana, a la hora de almuerzo, así podrás detectar si el alimento que le diste le cayó bien.
* Respeta los plazos establecidos para el primer año, de lo contrario, la comida podría sentarle mal o provocar una reacción alérgica.
* Prepara los alimentos el mismo día, con una antelación de no más de dos horas, para evitar la contaminación. Refrigera inmediatamente lo que sobre para que lo consuma en la tarde.
* Cocina los alimentos a fuego medio para que los ingredientes se integren adecuadamente y sean sabrosos. No uses demasiada agua.
*Algunos pediatras recomiendan empezar por las verduras y seguir con las frutas, porque el bebé acepta con más ganas los sabores dulces. Sin embargo, la decisión la tendrás que tomar tú junto con tu médico.
Qué darle:
Cereales precocidos para bebés.
Frutas (granadilla, plátano de la isla, manzana, pera, durazno, chirimoya).
Tubérculos (papa amarilla, camote, yuca, arracacha).
Hortalizas (zapallo, zanahoria, corazón de alcachofa, calabazas).
Qué no darle
* Embutidos, carnes ahumadas y patés.
* Huevos fritos.
* Frutos secos enteros.
* Quesos fuertes o grasosos.
* Mariscos.
* Miel, caramelos y golosinas.
* Gaseosas.
* Frituras.
* Jugos enlatados, sopas aguadas, té, manzanillas. Estos alimentos tienen mucha agua y poco valor nutritivo, además de una cantidad de azúcar innecesaria.
